Inauguración de la Rotonda de la Cepeda.Discurso de Tomás Alvarez.

Buenos días, amigos de La Cepeda y Astorga

 

Hace días, en un encuentro celebrado en la Biblioteca Municipal de Astorga, relativo al futuro de la ciudad, titulé mi presentación con la frase “Abre la Muralla”

La muralla significó tradicionalmente la separación de dos mundos: el seguro y el inseguro, el explotador y el explotado. Y eso ha sido así en nuestra tierra.

La Cepeda era la tierra que entregaba frutos y brazos a los marqueses de Astorga y a los obispos. Era tierra dominada que debía dar sus frutos, sus aguas y hasta su sangre a la ciudad.

Pero la ciudad vivía pensando en sus glorias y no dudaba en impedir los proyectos de desarrollo del entorno para seguir siendo la señora.

Desde la Edad Media, las gentes de nuestros pueblos conservan un largo historial de agravios.

Los campesinos tenían que renunciar a regar sus campos para que llegara el agua a Astorga y con sus manos tenían la obligación de levantar los muros…

Y  ya en tiempos modernos, cuando el Estado pensaba trazar comunicaciones cruzando La Cepeda para unir el Bierzo y León, la ciudad maniobraba en los despachos de Madrid e impedía que el ferrocarril cruzara la comarca a la altura de Morriondo o Culebros… o que jamás se terminase la carretera Villadangos-Combarros, que articulaba transversalmente la comarca (aunque alejaba al tráfico de las murallas)

Abre la Muralla

La falta de desarrollo de La Cepeda ha motivado su decadencia…. Y la de Astorga.

En los años 60 La Cepeda tenía 16.000 habitantes y Astorga 12.000. Y los 16.000 cepedanos eran esenciales para mantener activo el comercio, los transportes, la restauración… los centros de enseñanza. Hoy La Cepeda mantiene apenas 3.000 habitantes… y la Maragatería tal vez un millar y el futuro de Astorga es difícil.

Astorga no tiene futuro si no trabaja junto a sus comarcas, si no se olvida de su muralla. Porque esa muralla está aún arraigada en los esquemas mentales de muchas gentes, aun en el siglo XXI.

Astorga debe dejar de centrarse en los Panero y descubrir a Eugenio de Nora

Astorga debe abrir su oferta artística defendiendo y promocionando la arquitectura popular de Murias, Turienzo o Castrillo, cargada de atractivo para los viajeros.

Astorga puede estar orgullosa de ser una ciudad que resistió duros sitios en la Guerra de la Independencia, pero recordar que en esa Guerra hubo una gran victoria española en el entorno de Cogorderos…

Astorga puede estar orgullosa de su conjunto urbano, pero no debe olvidar que tiene un entorno paisajístico de gran valor, y que la propia sierra de La Cepeda forma parte de una Reserva de la Biosfera

Sólo hay futuro trabajando conjuntamente.

Debemos abrir la muralla. Y por eso cuando Manuel Ortiz pensó en urbanizar este entorno de la rotonda y a la par homenajear a La Cepeda me pareció una idea magnífica. Rogelio propuso un gran hito de piedra y unas plantas de la zona y yo propuse una puerta de piedra, abierta, una puerta que significase la comunicación, el encuentro de los dos mundos, la superación de esa muralla que nos ha separado durante 2.000 años.

Al final, el arquitecto realizó lo que el definió como una puerta del siglo XXI, en la que se conserva ese sentido de paso franco, punto de encuentro y comunicación entre Astorga y la Comarca.

A mí me gustaría que esta puerta abierta sea a partir de ahora  algo así como una invitación a los ciudadanos a emprender la ruta hacia el norte por esta carretera (por la que tanto lucharon gentes de todas las condiciones políticas, y Victorina Alonso de una forma destacada). Una ruta que les lleve a gozar del entorno, del paisaje, de la gastronomía y la amistad.

Y que sea también una invitación a los comarcanos a sentir a Astorga como algo propio. Una invitación a sentirse juntos, trabajar juntos y ganar el futuro juntos.

En la Puerta hay también una cita de Eugenio de Nora, de su poema “Viñas Sedientas”. Eugenio vivía en Zacos y tenía los abuelos en Villamejil, y para visitarlos recorría el monte que separa los valles del Tuerto y el Porcos por un camino que cruzaba una amplia zona de viñedos.

Después de uno de estos recorrido escribió uno de sus poemas más queridos: Viñas Sedientas. Allí dice: “Mucho amo, / con mi ternura antigua, / esta tierra tan seca: limpia y áspera, / y humilde, y propia como el alma, / tierra mía de anhelo!”Es una cita que siempre viene a cuento, una declaración de amor a una tierra, nuestra tierra, que hoy cobra especial  relevancia con este acto y con la celebración de Versos a Oliegos.

 

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