“QUE TU ALIMENTACIÓN SEA TU MEDICINA, Y TU MEDICINA, TU ALIMENTO”. ( Hipócrates siglo V a. C.)

“Que tu alimentación sea tu medicina, y tu medicina, tu alimento”. Hipócrates siglo V a. C.
El diccionario de la RAE define el catarro como la inflamación aguda o crónica de las membranas mucosas del aparato respiratorio, especialmente de la garganta y de la nariz, de naturaleza vírica, bacteriana o alérgica, que produce un aumento de la secreción nasal y suele ir acompañada de tos, fiebre y dolores musculares.
Y en su segunda acepción, llama así también al malestar que provoca.
Un malestar que aparece de manera progresiva y que no suele servir para nada porque tus amigos y familiares están todos igual o peor que tú. Pues otras enfermedades de mayor entidad consiguen despertar preocupación en los allegados y preparación de zumos, caldos, vahos y mimos.
El resfriado común nada, ni una simple mirada conmiserativa y menos cuando existe división de opiniones sobre el tratamiento. Unos que si les han dicho que no se puede tomar aspirina pues puede desencadenar un Síndrome muy grave. Otros que hay que ir a urgencias, los de más allá que es necesario dejar actuar a los leucocitos y los más enteradillos, que miel, limón y paracetamol.
Lo del Síndrome preocupa a todos y alguien aclara que es muy raro y solo en los niños.
Tras la discusión familiar, se aprueba por mayoría simple tratar el catarro con Paracetamol o Ibuprofeno, zumos y reposo. Todo en pequeñas dosis, no vaya a ocurrir como en las recientes fiestas Navideñas que para lograr el consenso ante las enfrentadas opiniones políticas se optó por brindar ante cada argumento sólido y en vez de mejorar las cosas empeoraban a medida que se superponían teorías y bebidas espumosas.
No hay que quejarse tanto por un simple constipado dice el que todavía no sabe que mañana mismo va a empezar a toser y a estornudar, le va a doler la espalda y la planta de los pies, pues entre otras hazañas ha subido con los niños-todos acatarrados- a ver la nieve y después les ha tenido que ayudar a hacer un gran muñeco para el que no encontraban nariz. Y buscar una zanahoria no es fácil en pleno campo. Y todos los niños llorando porque no quieren dejar al muñeco solito, suele ser un factor importante de stress.
Así que después de encontrar la hortaliza anaranjada y ponerle la bufanda que trajeron los Reyes Magos (“su madre no me lo perdona”) bajando del monte no se le ocurre otra cosa para calmarlos que contarle las cosas que hay que hacer para que los virus que ellos tienen no pasen a otros niños ni a sus papas.
Como nadie le hace caso en aquel coche lleno de mocos y toses se inventa una canción que dice algo así:
• Si tu nariz se ha vuelto un río, ponle un tapón oloroso y colorido.
• Si tu boca parece un orfeón desafinado, ponle un corcho muy grande con las manos.
• Y después de taponar, hay que lavar: bufandas, pañuelos y claro esta las manos con agua y con jabón.
• No te toques los ojos, tampoco la boca y menos la nariz, pues ni virus ni bacterias queremos repartir.
• Cuando estés en tu casa abre las ventanas de par en par al aire fresco y tendrás un gran refresco de naranja o de limón.
Y tanto esfuerzo… para nada, porque al llegar al domicilio todos le tacharon de imprudente, de arriesgado, de insensato y mentecato.
Empezaban a dolerle las manos, la cabeza y las plantas de los pies. Así que se ducho con agua muy caliente, preparo una ensalada de kiwis, granadas y naranja y un caldito de calabaza y cebolla. Hizo gárgaras con miel y con limón, y se acostó.
Se había cogido un buen catarro. Que en 7 días se curó.
Lo dejó dicho Hipócrates y yo lo suscribo: Que nuestra alimentación sea nuestra medicina”
Por eso hay que cuidar la alimentación para incrementar nuestras defensas, y hacernos más fuertes para resistir a cualquier ataque vírico.

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