Castrillo de los Polvazares.Un pueblo singular y de los más bonitos de España.

Cuentan las crónicas…

Llega cansado el arriero, abre el portalón para entrar las mulas y se para un momento a escuchar el bullir de la casa…. Juegan los niños, ladra el perro y canta la esposa, mientras trastea preparando la cena.
Después llama a los criados para que le ayuden a meter el carro.
Huelen deliciosamente las glicinias, tan hermosas, que adornan la puerta y pasan presurosas las ovejas por la calle Real, marcando su cañada y levantando polvo rojizo del empedrado suelo.
¡Mujer hay que encargar el escudo, ponerlo encima del portón y pintar las ventanas, de ese azul añil que me trae los recuerdos del mar, dijo el Maragato sentándose a la mesa. Han sido buenos los negocios y ya es tiempo de ennoblecer la casa.
Descansa esposo mío todo se hará, pero ahora recógete enseguida que amenaza tormenta, cena con nosotros y cuéntanos como estaba la reina y que se dice por Palacio. Y si esta vez hubo o no bandoleros en el camino hasta Madrid.
Se alarga la tertulia, ruge la tormenta, pero el tamboril y la flauta de los familiares y vecinos que se han acercado a la casa no deja oír los truenos. Nadie se percata del aguacero intenso que anega ya la calle. Todos bailan, y alegres, hacen zapatetas los hombres y corros las mozas tocando las castañuelas.
Cuentan las crónicas, que esa noche del 1530, el agua arremolinada y violenta arrasó todas las casas del pueblo.
Después los pocos maragatos que sobrevivieron, buscaron otro emplazamiento para reconstruir uno de los pueblos más bonitos y singulares de España, llenos de casas blasonadas y rojas, calles empedradas a las que se asoman ventanas del color del mar y puertas que han arrebatado su tonalidad al cielo.

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